
Ya he hablado largo y tendido en este blog a tenor de las crónicas de varios conciertos de lo poco que me gustan salas como La Riviera, donde es difícil encontrar ejemplos con conciertos con un buen sonido. Esta sala a mí me parece una trampa mortal para los grupos y se volvió a notar el pasado martes 28 de octubre, durante el concierto que protagonizaban La Habitación Roja, Vetusta Morla y The Blows.

Habían pasado tres canciones y el sonido no mejoraba en absoluto. La sala, que se había llenado hasta la bandera, empezaba a perder público según avanzaba la actuación. Ni siquiera con la interpretación de una tripleta de singles como "Posidonia", "Scandinavia" y "Nuevos tiempos" lograba detener el goteo de gente hacia la salida.
De hecho, tras la hora y cuarto de concierto de los valencianos y haber interpretado temas clásicos de su carrera como "Crónico", "La edad de oro", "El eje del mal" o "Mi habitación" (por mucho que pase el tiempo este tema será siempre un auténtico hit) la sala se había quedado medio vacía.

Los de Tres Cantos, que con su primer disco viven un momento dulce, lograron una comunión con el público que pocas veces hemos podido ver. Sin ser los cabezas de cartel, se notaba que habían sido los responsables de que se colgara el cartel de no hay billetes en las taquillas.

Cayeron los temas de ese álbum de debut que lleva por título "Un día en el mundo", publicado por su propio sello Pequeño Salto Mortal (salto que les sirvió para salir airosos de la trampa de La Riviera), y que eran coreados por la audiencia como si de un karaoke se tratara.
"Autocrítica", "Sálvese quien pueda" o "Pequeño desastre natural" fueron cantadas por toda la sala como si fueran una sola voz, demostrando esa unión que tiene Vetusta Morla con su público en casa, y que quedó patente con el reparto de papeles entre público femenino y masculino a la hora de hacer coros, que se prodigaron incluso cuando la actuación ya había terminado.
La noche había comenzado con los vigueses The Blows, a los que lamentablemente nos perdimos porque nuestras obligaciones profesionales nos impidieron llegar a tiempo. Me cuentan que estuvieron muy bien y cumplieron con su objetivo de calentar al personal, aunque con un exceso de pose.