lunes, abril 25, 2011

Cruzando el charco


Este blog abre una pequeña ventana y aprovechando estancia por un tiempo en Nueva York incluirá alguna referencia a lo que se cuece por esta latitud. Por ejemplo, sin ir más lejos, este pasado sábado hubo ocasión de dejarse caer por un local de conciertos ubicado en la zona de Williamsburg, al norte de Brooklyn. Este barrio está considerado un hervidero en alza de modernos y artisteo general y los fines de semana congrega mucha actividad en torno a sus bares, restaurantes (mucho más asequibles por lo general que los de Manhattan) y locales con actuaciones en vivo.

La cita en concreto era en el Glasslands, ya en las traseras del barrio que dan al East River, y en las cercanías del puente de Williamsburg que une con la isla de Manhattan. Cuatro conciertos por 10 dólares era la oferta del local, pero sólo hubo ocasión de ver a dos de las bandas.

La segunda de ellas fue la más interesante. Las desconocidas para mí (y para el 99% del mundo me imagino) Grass Widow. Tras este nombre encontramos a un trío femenino de San Francisco, dadas a los juegos corales (sus tres componentes compaginan guitarra, bajo y batería con la faceta vocal), canciones con recovecos y cambios de ritmo y melodías entre inocentes y distorsionadas.

Viéndolas me vino a la mente por ejemplo el nombre de otra formación, Electrelane, con la que comparten alguna similitud, como el tono épico de sus composiciones. He aquí un ejemplo de lo que hacen Grass Widow, con un fragmento de su último tema.

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Y antes de ellas tocó otra formación, mucho más punk y experimental, que atrajo la atención entre las primeras filas de algún espécimen digno de mención (como un sujeto con una especie de diadema de rosas, zapatos de tacón y vestido en el que ponía "bitch", que parecía el fan número 1).

Difíciles de digerir, me quedé sin la opción de conocer su nombre. Aún así, mención especial para su saxofonista y la capacidad de generar sensaciones inquietantes como si de la banda sonora de una película de David Lynch se tratara.

Baste también una fugaz muestra para hacerse a la idea. Creo que a Almodóvar y McNamara les hubiera encantado. Al menos hace tres décadas.

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