miércoles, julio 25, 2012

Impossible Germany

Dos noches con sendos "sold out" para Wilco en Prospect Park de Brooklyn.

Disfrutado por los afortunados poseedores de entrada. Y también por los que lo han vivido desde fuera del recinto, donde el sonido se percibía nítidamente.

"Hummingbird" sonaba así de cristalina.

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Y pronto llegaría esa joya que es "Impossible Germany",

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Pocas veces unas guitarras alcanzan este nivel de inspiración y perfección.

Sublime.

martes, julio 17, 2012

El muelle "on fire"

Esta vez, más que metáfora sobre la intensidad de las actuaciones vividas en menos de 24 horas en el Pier 17 de Manhattan, el "on fire" se puede tomar por lo literal. Porque hubo llamas, humo, bomberos... y sí, también música en directo. Pero antes de llegar a la parte movida del fin de semana toca empezar por la víspera, mucho más apacible.

Dentro del festival River to River el programa tenía como como gran atractivo ver por primera vez a Eleanor Friedberg, la parte femenina del dúo de hermanos (desaparecidos por el momento) The Fiery Furnaces

Una actuación que estuvo precedida por los teloneros Ex Cops, formación de Brooklyn con gusto por las armonías de pop retro (como la imagen de su solista femenina, a lo musa francesa de los 70) y cierto recuerdo a Luna. Así suenan en directo con el tema "Spring break (Birthday song)".

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Para despedirse eligieron la canción con más gancho de su producción hasta la fecha. Pocos minutos después se subía al mismo escenario Eleanor Friedberg. En 2011 publicó su recomendable debut y fue precisamente la primera canción del disco, "My mistakes", la elegida para abrir el set.

Friedberg, quien hace tiempo se trasladó de su Illinois natal al norteño barrio de Greenpoint en Brooklyn, se presentó con una banda en la que la única nativa neoyorquina era una jovencísima guitarrista que asombró con un sobresaliente dominio de su instrumento y unos solos imperiales. La formación incluía también un saxofonista que aportaba necesarios matices a las canciones (y confirma de paso que el saxo vuelve después de años de destierro por los excesos cometidos en los 80).

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El cierre llegó con otro gran tema del álbum, "I won't fall apart on you tonight".

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Empezaba a caer la noche y también algunas gotas de lluvia, que no empañaron los agradables minutos brindados por una artista que merece un reconocimiento mucho mayor del que goza.

Festival 4Knots

La veterana publicación semanal "The Village Voice" había organizado al día siguiente en el mismo escenario un veraniego cartel con bandas en su mayoría emergentes pero también con algún nombre que es poco dado ya a dejarse ver en un festival gratuito de este tipo.

El recinto presentaba un aspecto mucho más concurrido que la noche anterior cuando poco antes de las cuatro de la tarde estaban sobre el escenario Hospitality. También de Brooklyn, su primer disco desprende algunas de las tonadas más frescas en lo que va de año, como el "Friends of friends" que, lástima, nos perdimos en directo.

Y no fue lo único que se quedó en el tintero, ya que al poco tuvieron que parar por un motivo aún incierto en ese momento. Fueron 15 minutos sin ninguna explicación por parte de la organización. Las únicas referencias sobre el parón eran el humo saliendo del centro comercial anexo, la llegada incesante de camiones de bomberos y desalojos de algunas zonas próximas. 
Algo pasaba pero afortunadamente no tenía pinta de que fuera a mayores hasta que, por fin, el concierto se reanudó con el primer mensaje de que se estaba intentando verificar que todo era apto para seguir con la jornada.

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Y eso fue lo último que veríamos de Hospitality. Después llegó una nueva espera y la incertidumbre de si se seguiría adelante con el festival. 

El suspense se despejó con las nuevas palabras de la organización. El portavoz confirmaba que la música seguía y agradecía las labores de la policía y los bomberos en la extinción del fuego que había afectado a una parte del muelle. 

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El festival se reanudó con Crocodiles. Vecinos de San Diego (California), tienen muy estudiado el sonido de bandas como The Jesus and Mary Chain. Intensos al principio, se fueron diluyendo con el tiempo y unas canciones demasiado lineales.

Casi fue más divertido ver cómo este fotógrafo se las ingeniaba para sacar instantáneas con perspectivas  poco habituales gracias a a colaboración del público.


Así que el devenir de la tarde quedaba en manos de la esperada actuación siguiente. Con un retraso de una hora sobre el horario previsto debido al incidente previo salieron a escena The Drums, seguramente una de las bandas más pinchadas en ambientes indies en lo que va de nueva década. Era el primer concierto que daban en bastante tiempo así que se mostraron relajados y de muy buen humor. Su vocalista, Jonathan Pierce (que lucía camiseta turística de Nueva York para la ocasión), contó el origen de varias canciones y dedicó una de ellas a otra banda que acaba de cesar su actividad, los californianos Girls.

Cayeron más temas de su segundo disco, "Portamento", como "Days" o el primer single "Money", aquí en la recta final de su interpretación. 

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Del primer y homónimo álbum destacaron "Best friend" (presentada como una canción triste pero feliz al mismo tiempo sobre un amigo fallecido) y, sobre todo, la más esperada, el cierre con "Let's go surfing" (con referencia presidencial cambiando parte de la letra: "Obama, he´s gonna make it all better").

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Su caso es el de esas bandas que generan opiniones extremas, avivadas por la pose un tanto artificial y algo de altivez que sugieren sus componentes. No son los nuevos salvadores del pop independiente pero por lo visto este día saben cumplir y divertir con sus canciones. Y ya es algo.

Tras ellos, turno para los veteranos Archers of Loaf que después de estar embarcados en diferentes proyectos (su cantante Erich Bachmann lo es también de Crooked Fingers) volvieron a juntarse en 2011 y a retomar las giras internacionales (sin ir más lejos fueron parte del último cartel del Primavera Sound de Barcelona).

Su directo confirmó un nuevo hecho en el cíclico calendario de recuperación de estilos anteriores: el noise rock de los 90 vuelve a la palestra. Enhorabuena a los premiados.

viernes, julio 13, 2012

Blues brothers (and sister)

Lo apretado del calendario de conciertos estos días deparó en la misma jornada un doble programa para los aficionados al rythm and blues más abiertos de mente. Para empezar, cita a mediodía en el corazón financiero de Brooklyn (en la plaza MetroTech Commons) donde la institución cultural y local BAM organiza su serie de conciertos estivales abiertos a la ciudadanía.

Ante una audiencia de lo más variopinta (menores y veteranos ganaban en porcentaje) y un entorno donde árboles, mesas y sillas lo hacen más propio de un merendero campestre que de un lugar para conciertos, comparecieron dos formaciones muy diferentes.

Primero, el lado más divertido de la música de raíz americana lo facturaron NRBQ, una formación gestada en los finales de los 60 de la que sólo persiste su pianista (a quien los años le han dado un aire a lo Doc de "Regreso al futuro"), Terry Adams.

Quien busque letras complicadas o adornos exagerados no lo encontrará. La suyo es la historia de músicos curtidos en la carretera a los que el éxito mayoritario les ha sido esquivo. Pero desprenden un optimismo que resulta contagioso.

A continuación fue el turno de una solista que hace menos de un año actuaba en el también neoyorquino Jazz at Lincoln Center y que de nuevo hizo gala de poderío vocal y femenino. Es Shemekia Copeland, hija del solista y guitarrista de blues Johnny Copeland (a quien hay que agradecer que le inculcara el buen gusto musical para no acabar siendo cantante de hip hop, como ella misma bromeó).

Su presencia en el escenario es imponente y con seguridad se convertirá (si no lo es ya) en una de las grandes divas del blues del siglo XXI. Desde el arranque, se muestra como un torrente de sentimiento e interpretación bluesera.

Además sabe cómo tratar al público, ya sea contando anécdotas sobre las canciones ("vosotros podéis ir a Memphis, pero yo no vuelvo allí"), haciendo alegatos en favor de la belleza de todas las mujeres, resucitando el ritmo de los espirituales religiosos o encendiendo al personal con su momento a capella sin micrófono.

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Por petición popular tuvo que volver para dejar un bis en el que la mayoría ya no pudieron permanecer por más tiempo sentados ante lo que se estaba desatando.

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Tras bajarse del escenario no tuvo además reparos en departir y hacerse fotos con todo aquel que se lo pedía. 


En definitiva, no pudo ser mejor la primera toma de contacto con este ciclo de conciertos al que aún le quedan buenas matinales que ofrecer (por ejemplo la que estará a cargo de Aloe Blacc a primeros de agosto).

Soul of America

Para la tarde hubo que trasladarse de Brooklyn hasta Manhattan, donde tenía lugar la segunda y última jornada del Lowdown Hudson Blues FestivalLo suyo sería referirse a la propuesta cabaretera de He´s my brother She´s my sister (mención especial a su batería-bailarina de claqué) o a la melancolía y fragilidad de la canadiense Neko Case (conocida también por su contribución en The New Pornographers), cabeza de cartel de la noche aunque los matices de su concierto resultaron demasiado intimistas para los que no estaban cerca del escenario.

Pero al final quien eclipsó a todos fue una revelación que en 2011 vio por fin publicado su primer disco... ¡¡¡a la edad de 63 años!!! Este hombre es Charles Bradley y la historia de su vida personal es tan asombrosa y emotiva que ha quedado recogida en un documental.

Hasta subirse a los escenarios bajo su propio nombre artístico ha malvivido en las calles y metro de Nueva York, recurrido a trabajos tan dispares como cocinero o imitador de James Brown (quien es innegable le ha dejado una profunda huella en su forma de vestir y actuar) y visto la muerte de cerca al sufrir un ataque al corazón. 

Con un historial como el suyo lo que ahora vive le debe parecer un sueño, al que se entrega en alma y cuerpo cual nuevo profeta del soul y el blues. Aparece en escena tras un preludio instrumental y transmite de inmediato una sensación que ya no desaparecerá a lo largo de la actuación, algo muy parecido a lo que debieron sentir los que tuvieron la suerte de ver en vivo al "padrino del soul".

Gritos desgarrados, contorsionismos imposibles, juegos con el micrófono, bailes a lo robot, brazos que quieren echar a volar, sensualidad a flor de piel, cambio de uniforme para la segunda parte del show... todo ello forma parte del espectáculo. En cuanto a las canciones, destilan historias sobre el lado amargo de la vida. Alguna incluso con detalles autobiográficos de los duros años pasados en la (en teoría) tierra donde todo es posible. Además, una sorpresa en forma de versión: la preciosa "Heart of gold" de Neil Young. Y como apoyo, The Extraordinaires, una banda con sección de vientos y de estética y sonidos setenteros que ya por sí solos serían un valor seguro.

Para el colofón final, Bradley busca a su público y se funde en abrazos con todo aquel que se encuentra por medio (algo que parece sello de identidad).

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Felicidad absoluta y amor universal. 

No llegamos a tiempo de ver a James Brown pero ahora tenemos a Charles Bradley.

miércoles, julio 11, 2012

Añoranza CBGB

Una de las citas más esperadas en lo que va de verano musical neoyorquino ha sido el ciclo conciertos con el que se ha pretendido recuperar por unos días el espíritu de la mítica sala CBGB, desaparecida en 2006.

Entre las propuestas más apetecibles del festival figuraba el cartel sabatino programado en el Summerstage de Central Park. La jornada se presentó extremadamente bochornosa, motivo por el cual seguramente muchos prefirieron quedarse en casa pegados al ire acondicionado y dejaron la asistencia final lejos de lo atractivo a priori de la velada.

Al llegar al recinto War on Drugs estaban ya sobre el escenario. Tuvieron que hacer frente a problemas técnicos que les obligaron a dejar de tocar durante varios minutos en mitad de su actuación, recortando tiempo a su concierto.

A pesar de ello dejaron detalles interesantes en forma de atmósfera final de canción a base de reverberaciones y distorsiones de guitarra (y también una voz solista que recordaba a Bob Dylan, apuntó uno de los asistentes).

Pero los dos platos fuertes eran los siguientes en comparecer. Primero unos que casi gozan de mayor afición fuera de su país que dentro. Habituales en los últimos años en festivales y salas españolas, The Pains of Being Pure at Heart tocaban en casa pero no parecieron levantar excesivas pasiones entre sus convecinos.

Los de Brooklyn alternaron canciones de sus dos largos publicados, especialmente del segundo "Belong". Aunque el momento de mayor exaltación fue quizás cuando recurrieron a uno de los valores seguros de su primer disco, este "Young adult friction" (al final del cual dieron información sobre la posterior "after party", con desafío de ping pong incluido".

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El cierre de su set fue con la cara b titulada como el mismo grupo y que subraya el fraseo "we will never die". Estuvieron correctos pero en directo parece que les falta algo de brillo y pegada. Algo de lo que andan sobrados los cabezas del cartel y que repetían presencia en esta ciudad por verano consecutivo: los veteranos Guided by Voices.

Con la misma formación original recuperada en los últimos tiempos y un Robert Pollard que sigue haciendo gala de flexibilidad y verborrea (así como de un cerrado acento de Ohio), el gran aliciente esta vez era escuchar en vivo el nuevo material surgido tras la reunificación del grupo.

Canciones algo anodinas que hicieron una primera parte de concierto poco dinámica. El panorama cambió en cuanto se pusieron a repasar gemas de su discografía. Ahí sí que saben encender al respetable, como por ejemplo con "Game of pricks".

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Fueron además los únicos del festival que tuvieron la oportunidad de hacer un bis (y dejar "a couple more of numbers", como dijo Pollard cuestionándose el origen del término). Este tiempo extra de actuación lo abrieron con "Matter eater lad".

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El broche final llegó con un éxito asegurado, el himno "Echos Myron", un cierre inmejorable.

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Epilogando, velada entretenida aunque las expectativas auguraban minutos de mayor carga electrizante.

Además, del espíritu CBGB, ni rastro. Una buena metáfora pudieron ser los punkis que iban en dirección contraria al parque antes de llegar al escenario. No es de extrañar, al ver que el local del East Village que en su día ocupara la sala es hoy una exclusiva boutique de ropa. Una pena que se haya perdido la esencia rock del lugar y se haya trasladado mercantilmente al estampado de camisetas para fardar.