El termómetro de estos días
Mucho ha llovido (aunque mejor habría que decir que ha nevado, dado lo invernal de estos últimos días) desde la última vez que dejamos constancia de algunas impresiones musicales en el blog. Y es que entre fríos varios, trancazos hostiles y demás aconteceres que a uno le absorben mucho tiempo la verdad es que estaba ya siendo demasiado larga la espera. Así que, lo primero, las disculpas para quienes os habéis encontrado esto menos actualizado de lo habitual, pero es que hay veces que uno ya no puede dar más de sí.
A lo que iba. Ya iba siendo hora de actualizar este espacio como debe ser. Empezaré por algunos comentarios de directos que se me vienen a la cabeza del último mes. Como han sido varios, resumiré lo más granado a modo de particular termómetro de la actualidad.
Con Wintercase llegó el frío Pues sí, no ha sido esta una edición del Festival Wintercase que vaya a recordarse para la posteridad. Aunque hay que agradecerles la valentía de traer a nombres menos consagrados y rebajar los precios, lo visto no ha supuesto momentos memorables.
Los Campesinos! nos dejaron algún rato bueno pero la sensación general fue de demasiada clase media sin la calidad que se le presupone a una cita así.
Lo ejemplificaría todo con un momento concreto de la actuación de los suecos
The Radio Dept., justo cuando se quedaron un buen rato sin tocar intentando recordar al guitarrista cómo sonaba una canción nueva que debían interpretar a continuación. Así ha sido esta edición: un poco más amateur de la cuenta.
Donahue y los suyos suben la temperaturaQuien tuvo retuvo. No se me ocurre algo más obvio para referirme al concierto de
Mercury Rev en la Joy Eslava de hace poquitas fechas. He de reconocer que había perdido un poco la fe y la pista a la banda de Jonathan Donahue (que ahora luce un aspecto mucho más mefistofélico con barba canosa), pero siguen siendo un valor seguro, del que deberían aprender muchas de las bandas imberbes que hoy se nos presentan como quintaesencia de la musicalidad.
Capaces de hacernos soñar como nadie y de emocionar con canciones que no pasan de moda. Además no creo que la entrega y las caras de auténtico disfrute con las que obsequiaron a los presentes fueran impostadas. Se lo pasaron en grande y así se lo hicieron pasar a la gente. Un tema para el recuerdo, la siempre enigmática
"Holes".
Los molones chicos de la guerra fríaPrimera visita a los escenarios madrileños la de los estadounidenses
Cold War Kids. En un Moby Dick con todo el aforo vendido y copado, por lo menos en las primeras filas, de público joven y extranjero (y en concreto por mucho compatriota de la banda), se presentaba este cuarteto como una gran incógnita aún para el público español.
Y el resultado fue el siguiente: a favor, el talento en las voces y una solidez más que sobrada en la interpretación de las canciones, que se nutren de estilos muy diferentes: rock, soul, jazz... Aunque precisamente esa dispersión puede complicar un poco el adentrarse como neófito en el sonido de la banda, que caldeó el ambiente en varias ocasiones esa noche pero ninguna como cuando interpretaron su éxito
"Hang me up to dry". Eso sí, imagen les sobra. Yo les apunto como fijos en alguno de los festivales españoles de esta primavera/verano.
Cálidas recompensas y nuevas promesas Murmur son conscientes de sus limitaciones pero también de sus virtudes, que explotaron al máximo en su último concierto celebrado en Moby Dick. Con un Robert Williams entregado absolutamente a la voz, dejaron momentos para el recuerdo en un concierto que fue como una reunión de amigos. Ni siquiera importó que repitieran
"Fallow field", la ocasión lo merecía. Melancolía y belleza, todo en uno.
La noche nos deparó además una sorpresa, el descubrimiento de
Nudozurdo. Una de esas bandas que comienzan a sonar en el circuito madrileño y que nos dejó ecos a Joy Division y a Golpes Bajos y un cantante que incluso que hacía recordar
Ian Curtis y
Germán Coppini. Aquí dejamos
un ejemplo de cómo se las gastan.
Para Airbag siempre es veranoSi hay un grupo que anda metido en estado de adolescencia perenne, ése es
Airbag. Para acercarse a ellos hay que desprenderse de prejuicios, claro está. Sólo así se podrá uno dar de bruces con un concierto como el vivido el mes pasado en El Sol, con todo vendido, y un público que tan pronto tiraba flotadores como levantaba en vilo a los más avezados entre las primeras filas. Disfrutables, sí, como un refresco de verano. Y un concierto sin respiro, desde la primera (
"Marta no es una punk") hasta la última ("Quiero verano"). Que no se hagan mayores.
Y hablando de hacerse mayores, el último párrafo por hoy se lo dedico a los
Fifth Floor Neighbours, jovencísima banda madrileña que está dando sus primeros pasos en el mundo maquetero. También actuaron recientemente en la capital y quién sabe si pueden ser una más que firme promesa en poco tiempo.